Ecotucumano - ¿Por qué no viene el Papa Francisco a la Argentina?
GIRA PAPAL

¿Por qué no viene el Papa Francisco a la Argentina?

13 de Julio de 2017 | 00:19 hs.  

Opinan sus amigos y expertos, consideraron los motivos de la decisión de no incluir al país en su agenda de 2018

1.566 días. 223 semanas. 51 meses. Es el tiempo que pasó desde que Jorge Mario Bergoglio comenzó su pontificado el pasado 13 de marzo de 2013 y no volvió a pisar la Argentina. Y no lo hará hasta nuevo aviso. Esta semana, se confirmó que el Sumo Pontífice viajará a Perú y a Chile en 2018. El argentino visitará por tercera vez Latinoamérica y, nuevamente, el país que lo vio nacer y con el que mantiene contacto permanente, lo verá pasar por el vecindario pero no estará incluido en la gira papal.

Como en los años precedentes, un tendal de especulaciones políticas se tejen al respecto. Desde una presunta mala relación o distancia con el gobierno de Mauricio Macri, las pujas internas de la Iglesia Católica criolla, o cuestiones de "estrategia" pastoral. Es cierto que, en calidad de máximo representante de un credo esparcido por toda la tierra, Argentina es solo una pequeña porción territorial en un mar de millones de fieles y que el religioso debe encarnar una universalidad que trasciende el terruño. Y es habitual la comparación con otro de los pontífices viajeros, Juan Pablo II, que visitaba frecuentemente a su Polonia natal, o Benedicto XVI, cuya primer viaje como sucesor de Pedro fue a Alemania, país que visitó en dos oportunidades más.

Pero Bergoglio nunca abandonó su "argentinidad". Incesantemente mantuvo contactos informales y audiencias privadas con sus coterraneos (famosos y no famosos), su fanatismo por el fútbol argentino sigue intacto, y realiza movimientos que no pueden dejar de ser interpretados en clave de política local, como cuando era un arzobispo de Buenos Aires. Las cartas de apoyo a la dirigente política Milagro Sala, encarcelada en el penal de Alto Comedero, o a Hebe de Bonafini, y los convites a la Santa Sede a personalidades como la procuradora Alejandra Gils Carbó, son gestos que irritan al macrismo. En paralelo, el Papa del "carisma" mantuvo una dosificada y prudente cuota simbólica con el gobierno de Mauricio Macri, a quien le brindó dos audiencias privadas.

Sin embargo, esta supuesta distancia hacia el PRO no puede ser entendida linealmente. Al igual que con el peronismo, Bergoglio cosecha un estrecho vínculo con algunos de los altos dirigentes de Cambiemos. A su vez, la Iglesia argentina mantiene una pacífica convivencia con el Gobierno, a diferencia de lo que ocurría en el kirchnerismo. Hasta la mejoró. El Presidente restituyó varios símbolos que la curia había perdido en la década pasada, como la participación de la máxima jefatura del Estado en los Tedeum o la atribución para designar a un obispo castrense, luego de la ruidosa polémica que dejó afuera a su predecesor en 2007, Antonio Baseotto. Tampoco es menor que la vicepresidencia de la Nación sea ocupada por Gabriela Michetti, una fiel creyente.

Desde este punto de vista, los adherentes de Francisco y sus nexos con la dirigencia local abarcan los extremos del espectro político. La gran mayoría de los líderes de los partidos más diversos y personalidades del mundo económico, deportivo y sindical utilizaron su imagen (ya sea fotos, cartas o llamados) para darles un uso proselitista o de autopromoción.

"El Papa no apoya, ni defiende, ni postula, ni sostiene a ningún candidato político. Los que dicen que los apoya es una farsa", dijo la periodista Alicia Barrios, íntima amiga de Bergoglio. "La noticia es que el Papa va a Chile y a Perú, no que no viene a la Argentina. Acá se está embarrando la cancha. Francisco no es nuestro, es el jefe del Estado del Vaticano", añadió en radio Rivadavia.

"Me da una profunda tristeza que no venga a la Argentina, me da pena", dijo el padre Fabián Báez, otro de los hombres cercanos a Bergoglio y conocido por subirse al papamóvil. El cura párroco de Villa Urquiza consideró que "debe ser una renuncia para él no venir" para el país, y supone que su resolución se debe "a elecciones que él hace con su ministerio".

"No creo que piense en el chiquitaje de la política argentina, él está pensando desde su rol de líder mundial, tiene un panorama global con criterios altruistas que van más allá de sus intereses personales", sostuvo. "Las veces que hablé con él nunca descartó su visita, pero por cuestiones de agenda no puede", concluyó el sacerdote.

Juan Grabois, uno de los referentes territoriales con más llegada al Vaticano, consideró que la cuestión política "no es el elemento crucial". "Puede llegar a tener más que ver con algunas situaciones de la iglesia argentina que por la relación con el Gobierno; son especulaciones que puede hacer uno sin ninguna sustentabilidad real", dijo el titular de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP).

José María del Corral, director mundial de Scholas Occurrentes, aclaró que no habló con Francisco pero deslizó que el sacerdote debe considerar "que no es el momento indicado para venir". "Es bueno que vaya a Chile y no Argentina, porque su visita no tiene que ser de paso. Es un buen gesto. Cuando venga a Argentina no va a ser porque esté cerca", afirmó. "Estoy seguro de que va a venir a Argentina en la madurez del proceso, en el momento justo, cuando los argentinos hayamos ganado. Nosotros tenemos que estar bien y él vendrá, no al revés", completó Del Corral.

Sin embargo, algunas personas cercanas y analistas consideraron la omisión del viaje a la Argentina en clave sociopolítica. "Hace algunos meses me dijo que va a venir cuando sienta que es un factor de unidad, y pueda ayudar a sumar y no a dividir", señaló Gustavo Vera a este medio, uno de los dirigentes "laudatistas" y hombres de confianza del Papa. "Él siempre me respondió lo mismo: cuando sienta que pueda venir a unir a los argentinos lo va a hacer. Tiene muchas ganas de venir, sigue de cerca lo que pasa aquí".





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